Mis aventuras con la Raspberry (III): Raspbmc, tu mejor aliado.

Tras los primeros y desafortunados compases tocaba rehacerse e instalar un nuevo sistema en mi flamante Raspberry. Pero ¿cual escoger de entre toda la maraña de versiones y  distribuciones existentes?

Tras leer algo de documentación al respecto llegué a la conclusión de que hay dos grandes distribuciones que destacan por encima de las demás a la hora de decidirse por un SO para tu centro multimedia Raspberry: OpenElec y Raspbmc.

Ambas se basan en XBMC como core del centro multimedia y ambas tienen detractores y fanboys por igual. Que si el mío es más rápido, que si el mío tiene más features, que si el mío utiliza OpenGL para animar los menús, que si el mío funciona mejor con los plugins de XBMC…

¿Qué hizo que me decidiese por Rasbpmc? Podría decir que me lo recomendaron, que me gustaron más las especificaciones técnicas o que el logo me parecía más chulo. Pero la verdad es que lo hice por él: lo hice por Sam Nazarko.

Aquí donde lo veis, con esa pinta de forever alone, este inglés decidió con 19 añitos que eso de la Raspberry Pi era una cosa chula, y que podía estar guay desarrollar una distro de linux para ella. Así que, como él lo vale, decidió liarse la manta a la cabeza y desarrollar Raspbmc.

¿Soy el único flipando? Vamos… 19 putos años. ¿Es que no tiene nada más emocionante que hacer en su vida a esa edad? No sé… jugar al Call of Duty hasta sufrir un ataque epiléptico, practicar el deporte nacional británico: beber hasta la inconsciencia el rugby, perseguir a las churris de su barrio o practicar el amor propio sin freno; cualquier cosa más propia de su edad que fundir miles de horas montando este proyecto.

¿Que tiene en la cabeza alguien que decide acometer semejante tarea a tan tierna edad por el simple hecho de hacerlo? No tengo ni la más remota idea, pero estoy seguro de que tiene que estar lo suficientemente jodido motivado como para hacer un trabajo excepcional. Así que decidí darle una oportunidad a su producto.

Y debo decir que por el momento no me ha defraudado. Pero ya basta de hablar de él, aquí hemos venido a hablar de mis experiencias y a regodearnos en mis errores:

Como recordaréis si leísteis mi post anterior, las cosas no comenzaron muy bien al echar a andar la raspberry. Tras cargarme el acceso de administrador al sistema decidí que instalaría un nuevo operativo desde cero. Leyendo la web oficial de Raspbmc ví que el amigo Sam recomienda instalar su operativo a través de una conexión con cable, al menos hasta que el sistema se actualice una primera vez; contando con que la WiFi no funcionó en mi primer intento, decidí que sería mejor desmontar todo el tinglado del salón y llevarme la Raspberry a la habitación donde tengo el sobremesa y el router, al menos hasta que consiguiese ponerla en red.

En la web oficial puedes descargarte un sencillo programa de instalación para Windows. Basta con hacer doble click en el fichero que incluye y se abre una ventana como la de la imagen, desde la que puedes indicar la tarjeta SD o el USB donde quieres crear la imagen de Raspbmc. En tan solo unos segundos la imagen se vuelca al dispositivo elegido y ya está lista para arrancar.

Antes de arrancar me encontré con un problema: mi monitor, un Samsung Syncmaster 226bw, es lo bastante viejo como para no traer una toma HDMI. Decidí tirarme a la piscina y dejar la Raspberry sin enchufar al monitor. Al fin y al cabo, si todo iba bien tras arrancar y actualizarse debería ser capaz de conectarme directamente a ella vía SSH, y si algo fallaba o la conexión no funcionaba correctamente las posibilidades de que la Raspberry acabase en el fondo del mar eran dolorosamente reales.

¿Y cómo saber si la actualización del sistema ha finalizado tras arrancar Raspbmc por primera vez? Sencillo… basta con observar que la luz de conexión del router a la raspberry deja de parpadear. Puro bleeding edge.

Ok, enchufo la tarjeta en la Rasp, la arranco y la dejo un rato encendida mientras descargo algo de porno, compruebo el correo, facebook, twitter, etc… al poco observo que la lucecita, que estaba como loca, ha dejado de parpadear. Con más miedo que vergüenza me descargo Putty y pruebo a conectarme a la Rasp.

Tras un par de intentos acierto con la ip y me encuentro al fin, cara a cara, con un mensaje de bienvenida en mi raspberry. Soy un hombre feliz. Se cargan las pantallas de configuración inicial del sistema en las que esta vez, por razones obvias para cualquier lector asíduo, decido no cambiar la contraseña del usuario pi.

En tan sólo unos minutos me encontré con el acceso a la terminal totalmente operativo. Moviéndome un poco por el sistema y lanzando algunos apt-get update de pruebas todo parecía funcionar correctamente. No veía la hora de enchufar la Raspberry a la tele del salón y empezar a explotar sus posibilidades, pero para ello necesitaba habilitar la WiFi.

Supuestamente, el dongle WiFi que venía con mi kit Raspberry está perfectamente soportado por el nucleo de Linux y está en la lista de hardware compatible con la Raspberry. Debería funcionar perfectamente out of the box, pero no era así. Si cambiaba la conexión del cable al pincho la Raspberry desaparecía totalmente de mi entorno de red.

Llegué a la conclusión de que los drivers para el dongle no debían estar instalados por defecto en Raspbmc, así que me remangué, cancelé mis citas para las siguientes semanas, y me dispuse a descargar, instalar, y probablemente compilar desde las fuentes, los drivers para mi flamante LogiLink WL0084B.

Si nunca habéis intentado compilar drivers desde la fuente en Linux os diré que es una tarea con una complejidad similar a terminarse el Dark Souls con una mano atada a la espalda, o a ligar en Basauri… con un polo de Lacoste… y una banderita de España en la manga.

Como no controlo lo suficiente de Linux como para acometer dicha tarea por la de buenas, busqué algún tutorial o algún sitio donde me pudieran ir guiando. Tras googlear un rato encontré esta página que resultaba prometedora. Como casi siempre que uno sigue una serie de comandos en Linux posteados en una página al azar, un foro de la comunidad o la documentación oficial, todo funcionó perfectamente hasta llegar a un punto lo bastante avanzado como para encontrarte totalmente perdido.

Al ejecutar :

sudo dkms build -m Ralink_5370sta -v 2.5.0.3

La respuesta era:

Error! Bad return status for module build on kernel: 3.10.24 (armv61)

Consult /var/lib/dkms/Ralink_5370sta/2.5.0.3/build/make.log for more information

 Y os voy a ahorrar los contenidos del fichero de log por no haceros perder cordura. Baste decir que varias horas de googling, algún post en stackOverflow y mucha buena voluntad, me llevaron a concluir que las cabeceras del Kernel instaladas en mi versión de Raspbmc eran genéricas, mientras que necesitaba las cabeceras específicas para mi versión del kernel (3.10.24). El siguiente paso era obvio… intentar descargar las cabeceras del kernel y configurarlas.

El caso es que por alguna razón no lograba encontrar información para descargar esta versión en particular y los comandos de otras versiones cambiando los números de versión por los de la mía siempre devolvían errores de tipo not found.

Me encontraba cada vez más en un callejón sin salida, y aún no comprendía que perteneciendo a la lista de hardware recomendado, el aparato no fuese capaz de funcionar por defecto. Antes de meterme en aventuras tan salvajes como intentar cambiar el núcleo de mi sistema por las bravas, decidí probar a reinstalar Raspbmc desde cero y tratar de ver si la configuración por defecto era capaz de reconocer el dongle WiFi.

Al volver a volcar el sistema a la SD reparé en el tercer chekbox del programa de instalación de Raspbmc: “Manually configure networking”. Al pulsarlo se abre una ventanita como la de la imagen, desde donde puedes definir por adelantado la configuración de red que quieres para tu sistema. En ella seleccioné Wireless, indiqué una ip fija que tenía ya reservada para la rasp y rellené el resto de datos de configuración de red (máscara de subred, ip de la puerta de enlace, ip del servidor de DNS, SSID de mi router, tipo de encriptación y contraseña que utiliza).

Cargado con esa especial vibración que sientes cuando sabes que has dado con la clave me llevé la Raspberry al salón, la enchufé a la tele y la arranqué. Casi instantáneamente, el LED del dongle, que había permanecido obstinadamente apagado durante días, comenzó a parpadear repetidamente, y tras unas rápidas configuraciones en el primer arranque, el sistema comenzó a actualizarse. ¡Habemus WiFi!

Apenas unos veinte minutos después el sistema había arrancado y mi Raspberry al fin servía para algo más que para subirme la tensión.

En la próxima entrega os hablaré un poco más en detalle sobre las fantásticas funcionalidades de Raspbmc y cómo vacilar a amigos y vecinos controlando vuestra Raspberry directamente a través del móvil.

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1 respuesta

  1. Sergio dice:

    Me estan creciendo los colmillos… chrome/ebay/Raspberry… aaaahg

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