Mis aventuras con la Raspberry (IV): Empezando a funcionar.

Con el sistema operativo por fin en marcha, y con la red WiFi conectada, ya estamos preparados para empezar a jugar en serio con la Raspberry, dándole un uso apropiado en el salón de nuestra casa.

Lo primero de todo, dado que no tengo enchufado un teclado ni un ratón al aparato, es encontrar un modo de gestionarlo vía WiFi. Por supuesto, putty es el camino a seguir para la administración del aparato, pero no me sirve para cuando esté sentado en el sofá y quiera poner una peli o apagar la Raspberry.

XBMC Remote

Like a boss

Hace años las opciones hubieran sido más escasas, pero hoy día los smartphones y las tabletas se han convertido en unos aliados increíbles a la hora de poder hacer cualquier cosa desde el sofá mientras vemos cómo nos engorda el culo. Para este particular, y si dispones de un teléfono o tableta android, yo te voy a recomendar dos aplicaciones: XBMC Remote y ConnectBot. La primera es un completísimo mando a distancia para XBMC, desarrollado por el propio equipo que ha creado el centro multimedia. La segunda, con menos pedigrí, es una terminal ssh open source para android. La configuración de ambas es extremadamente sencilla, basta con que selecciones la ip que le hayas asignado a la Raspberry (en general si utilizas DHCP es muy recomendable que hagas que  las ips en tu router se repartan a partir de un determinado valor, y reserves unas pocas fuera de ese rango para mantenerlas fijas).

En mi caso, una vez instaladas ambas aplicaciones y hechas las primeras pruebas todo funcionó perfectamente. Era capaz de manipular mi Raspberry Pi completamente desde mi teléfono móvil. Si bien hay que reconocer que la ssh a través del móvil no es especialmente cómoda y la utilizo solamente para operaciones muy puntuales, es un auténtico placer no tener que levantarse del sofá para ir hasta la habitación cada vez que necesitas realizar alguna de ellas.

Ok, conexión online, lo siguiente es añadirle almacenamiento. Como ya comenté en capítulos anteriores, tenía un disco duro y una dock USB esperando a que el aparato funcionase para alimentarlo. De modo que, llegado el momento enchufé el disco al sobremesa, lo formateé a NTFS y le cargué unas cuantas películas, era hora de empezar a hacer pruebas.

¿Por qué NTFS os preguntaréis? En realidad prácticamente todos los tutoriales que he leído por ahí recomiendan que el almacenamiento externo se formatee a ext3 o ext4, yo escogí en inicio probar NTFS porque Raspbmc cuenta con un servidor SAMBA preinstalado y creí que sería una opción perfecta para comunicar datos entre el equipo sobremesa y la raspberry. A día de hoy creo que probablemente fue un error, de hecho está entre mis tareas pendientes volcar el disco a un almacenamiento temporal, reformatearlo a ext4 y volver a meterle los datos. Pero me da pereza. Pero dejaremos esa historia para otro artículo.

Sea como fuere, una vez enchufado el disco y reiniciada la Raspberry, lo primero fue comprobar cómo funcionaba a la hora de reproducir vídeo. Probé a arrancar varias películas de entre 1 y 4 Gb, en AVI y MKV. No sólo la reproducción es fluida y la visualización perfecta, sino que el silencio de la Raspberry es una grata mejora respecto al ruido de los ventiladores de mi antiguo centro multimedia. El usar el móvil como mando a distancia sólo es un añadido para sentirte

samba

Menos SAMBA e mais trabajhar…

Siguiente paso: comprobar si puedo manipular la unidad externa desde Windows en el sobremesa. Tal vez haya que configurar algo… ah, pues no, simplemente yendo al entorno de red de Windows 7 aparece la Raspberry, cortesía del servidor SAMBA, y haciendo clic e introduciendo las credenciales del usuario pi tengo acceso directo a una carpeta de red con la SD y otra con el disco externo. ¿Y si muevo ficheros de uno a otro sitio mientras estoy viendo una película se resentirá la reproducción? Pues no, el envío de un fichero de giga y medio del sobremesa al disco duro externo de la Raspberry a través de la WiFi no tiene el más mínimo efecto sobre la reproducción de la película que está en marcha. Eso sí, al menos en mi casa (con dos paredes y un microondas de por medio), la transferencia de datos es bastante lenta. Habrá que hacer pruebas a ver si vía FTP la cosa va algo más rápida, porque sí, Raspbmc también trae de serie un servidor FTP, y unas cuantas herramientas más que podréis configurar desde su panel de control.

Esta configuración del XBMC es ya cosa de gustos. Yo quité la opción de que el audio salga por HDMI para aprovechar unos altavoces 3.1 que tenía por casa (se pueden enchufar directamente a la rasp, que tiene salida de audio) y, pese a que en la mayoría de los tutoriales lo recomiendan, no he reducido la resolución de pantalla a 720p. Cierto es que esto hace que haya un mínimo retardo entre la pulsación de acciones en el móvil y el eco en pantalla (sobre todo cuando es la animación de un menú), pero es lo bastante corta como para que, a mi personalmente, no me moleste.

Sólamente llegando hasta aquí, la Raspberry es ya un reproductor multimedia de gran categoría, sobre todo por su relación calidad-precio, su bajo consumo y silencio y el satisfactorio (a la par que frustrante) sentimiento “do it yourself” que le deja a uno.

En próximas entregas empujaremos nuestra Raspberry un poquito más allá, instalando Transmission para poder descargar torrents directamente a nuestra raspberry, convirtiéndola, además de en centro multimedia, en un centro de descargas de bajo consumo.

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