Metrópoli Gijón: Año III, en el filo de la navaja.

Desde KLBA estábamos exultantes a la espera de la edición del festival Metrópoli de este año. Por una vez, nos habíamos propuesto hacer las cosas como dios manda, solicitar una acreditación de prensa y hacer una cobertura en condiciones de este magno evento que, a la postre, debería comenzar a consagrarse en esta su tercera edición.

Pues bien, si en ocasiones anteriores habíamos criticado los fallos que habían salpicado a la organización, sin duda era porque nos habíamos encontrado en el lado de los visitantes. Al cruzar la barrera hemos podido comprobar que no es que haya fallos, lógicos y normales por otra parte, consecuencia de organizar un evento de estas características, sino que directamente la organización es un desastre de proporciones titánicas.

No pretendo criticar desde aquí la cancelación de las visitas al evento de algunos de los nombres más esperados, puesto que es algo que no se puede evitar y contra lo que de poco sirve tener un plan de contingencia; aunque tal vez que una de las mayores atracciones de tu festival sea David Prowse, un hombre de 81 años aquejado de importantes problemas de salud, sea jugar a las cartas con el desastre.

Expo de réplicas de Star Wars

Al final, David Prowse no pudo acudir, si bien la exposición de réplicas y objetos de coleccionismo de Star Wars estaba bastante chula.

 

No, mi queja, mi crítica, que pretende ser constructiva, no va contra el programa ni contra los invitados, quienes han tenido que lidiar también con las carencias organizativas y, habitualmente, sin perder la sonrisa ni las formas en ningún momento.

Lo que no es, en absoluto, de recibo a estas alturas, es que se cambien continuamente de día y de hora las actividades. Puedes tener que mover este o aquel evento porque te haya surgido algo inesperado, lo que no puede ser es que la tónica sean los cambios de horario, ubicación y, a menudo, incluso día de las actividades. Y menos aún que tu propia organización no esté al corriente de ello. Puedo comprender que resulte difícil comunicar las alteraciones que sufre el programa a tiempo a todos los asistentes, pese a que vivimos una época en la que debería bastar con tirar de redes sociales, lo que no puedo comprender es que tenga que enterarme de que una charla se cancela por una amiga de una asociación y tenga que contárselo yo a gente de la organización a quienes la cadena de mando no ha transmitido el cambio de horarios y actividades en la sala de la que son responsables. Es algo que dice muy poco de dicha cadena de mando.

El área de deportes extremos y el half pipe cambiaron a una ubicación donde tenían más visibilidad

Las notas con las actividades para prensa nos llegaban con muy poco margen de maniobra, incluso en ocasiones llegaban cuando las actividades ya habían comenzado o estaban a punto de hacerlo. De nada sirvió pedirle personalmente a la responsable de prensa que nos enviase por adelantado todo el programa de eventos. Desde aquí vamos a permitirnos una sugerencia para el año que viene: grupos de whatsapp o telegram, uno para uso interno de la organización y otro para prensa. Con algo tan sencillo como eso se solventarían los problemas de comunicación entre el equipo de organización y las notificaciones a los acreditados.

Unámosle a esto que la improvisación estaba a la orden del día, dando la sensación de que muchas situaciones simplemente no se hubieran planeado como es debido. Por ejemplo, las mesas de juego donde debían llevarse a cabo los torneos y las presentaciones estaban ocultas, y cuando digo ocultas quiero decir que, pese a que las busqué en la sala correcta, tardé varios días en dar con ellas. Días durante los que me encontré con mucha gente que, como yo, las buscaba infructuosamente. Hasta el sábado no se tuvo la deferencia de mover algunas mesas de juego hasta el pabellón central de la Comic Con (donde sobraba una cantidad enorme de espacio), y no sería hasta el último día que se haría un hueco mayor a las mesas de juego en la sala donde originalmente estuvieran. Al menos las últimas fases del torneo de X-Wing pudieron llevarse a cabo en un ambiente más o menos normal.

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Otros no tuvieron tanta suerte

Otro ejemplo de vergonzante improvisación ocurrió durante la presentación (por llamarlo de alguna manera) de la Comic Con, cuando se recorrió a la trágala la lista de premiados con el nº1 de las ediciones limitadas de los comics exclusivos de Metrópoli, para acabar sorteándolos entre la concurrencia por el fantástico método de tirar dos programas de mano entre la gente y pal que lo coja. A lo mejor en KLBA somos unos carcas, pero yo hubiera dado un período de gracia a los premiados para que se pasasen a recoger su premio por las oficinas del festival. Sinceramente, para hacer las cosas así, no las hagas.

Salvando el enorme despropósito de organización, el festival ha supuesto poco cambio respecto al año pasado, resultando un poco gris. Uno podría pensar que el incrementar el precio de la entrada diaria en un 150% (de un euro a dos y medio) debería haber servido para traer un montón de novedades o invertir en infraestructura, pero sospecho que se debió ir todo a la programación de conciertos, que habitualmente es uno de los mayores reclamos para el público no freak, y que este año contó con estrellazas del panorama nacional como Los Chichos, Hombres G, Kiko Veneno o Mago de Oz, vaya, la crême de la crême de la radiofórmula contemporánea.

Aunque no se puede negar, a tenor del público reunido, que algunos lo petaron

También se llevaron a cabo algunos cambios en la ubicación tradicional de las áreas que componen el festival que, inicialmente, parecían una buena idea, pero que se vieron ensombrecidos por la mala distribución del espacio en el pabellón central, donde se llevaba a cabo la Comic Con, y que tenía jurando en arameo a muchos de los expositores que habían pagado un dineral por un puesto de venta al que el tránsito natural del público hacía que prácticamente nadie pasase por delante suyo.

De mi visita a la edición de este año salvo, como siempre, a los autores invitados, quienes por lo general destilan amabilidad y buena voluntad. Disfruté mucho de las charlas de Steve McNiven (pese a los contratiempos horarios). También fue verdaderamente excelente la charla que Javier Olivares dio sobre el Ministerio del Tiempo (aunque se había anunciado la participación del actor Nacho Fresneda, que también se cayó de la convocatoria) y durante la que tuvo la santa paciencia de responder a una batería de preguntas del público digna de una oposición a notario del estado.

Y el desfile… el desfile de Star Wars también estuvo muy chulo, las cosas como son. Fue un poco mayor que el del año anterior y se pudieron ver algunos personajes especialmente interesantes: un hercúleo Darth Vader, un Chewbacca, un gamorreano, una pareja de esclava twi’lek y esclavista morador de las arenas que parecían directamente sacados de los estudios Lucasfilm, un stormtrooper de lego, etc… Es una pena que la asistencia de público a éste haya sido ligeramente inferior a la del año pasado, parece que la repetición empieza a pasar factura al festival, que se apoya mucho en Star Wars, puede que demasiado. Tal vez haya que empezar a buscar inspiración en galaxias más cercanas si no quieren que su fulgurante éxito se apague como el fogonazo de una cerilla.

Desde nuestro punto de vista, Metropoli Gijón es una fantástica oportunidad para la ciudad, una gran idea y algo que hemos soñado durante años. Sin embargo la ejecución del mismo requiere una profesionalidad y unas garantías. Ya no se puede acudir a la inexperiencia para disculpar los problemas de organización, es necesario tomar cartas en el asunto ya o se corre el riesgo de que un festival con tanto potencial se acabe convirtiendo en una feria más.

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