Clásicos del cine: “Perdición”

Llega el fin de semana y desde KLBA queremos proponeros un nuevo clásico: Perdición (“Double Indemnity” en su original en inglés), de Billy Wilder.

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De una filmografía de más de 20 películas, algunas incontestables obras maestras, personalmente tengo predilección por esta joya de cine negro.

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Rodada en 1944 narra como un vendedor de seguros (Fred MacMurray), confiesa a su jefe (Edward G. Robinson) el asesinato que cometió junto a una enigmática clienta (Barbara Stanwyck) para conseguir el dinero del seguro su marido.

Cuarta película de Billy Wilder, sienta las bases del cine negro junto con El Halcón Maltes (1941) y Laura (estrenada ese mismo año). En ella adapta la novela corta homónima de James Cain junto a otro genio del género, Raymond Chandler, y establece muchos de los elementos característicos del mismo: la estética, la mujer fatal, la voz en off.

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“Lo hice por el dinero, y por una mujer, y no conseguí el dinero, ni conseguí la mujer…” Así empieza la narración de esta historia contada en flash back: Asesinato, celos y traición en una atmosfera asfixiante, densa.

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El guión es milimétrico, con un ritmo endiablado, con grandes réplicas y contrarréplicas, y dobles sentidos. Para muestra os uno de los diálogos más famosos de la película:

  • Phyllis: Tiene usted interés en hablar con él, ¿no?
  • Walter: Así era, pero… se me están pasando las ganas, créame.
  • Phyllis: En este estado hay un límite de velocidad, señor Neff. Setenta kilómetros por hora.
  • Walter: ¿Y a cuál iba yo, agente?
  • Phyllis: Yo diría que a noventa.
  • Walter: Suponga que se baja de la moto y me pone una multa.
  • Phyllis: Suponga que le dejo ir con una advertencia por esta vez.
  • Walter: Suponga que no da resultado
  • Phyllis: Suponga que tengo que darle con la regla en los nudillos.
  • Walter: Suponga que me echo a llorar y pongo la cabeza en su hombro
  • Phyllis: Suponga que intenta ponerla en el hombro de mi marido
  • Walter: Eso es demasiado

Las interpretaciones del trío protagonista son soberbias. Curiosamente los tres actores tienen un cambio de registro. Barbara Stanwyck, que acababa de triunfar con comedias románticas como Bola de fuego y Las tres noches de Eva, borda con su peluca rubia barata y su pulsera en el tobillo el papel de femme fatal que Wilder le había preparado. Fred MacMurray, que también provenía de la comedia, es un agente de seguros chulesco que necesita muy poco para dejarse llevar por la codicia y el sexo. Y Edward G Gonson, el gánster por excelencia, pasa aquí a representar la moralidad.

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107 minutos negros como el alma

Pasen, vean y disfruten

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